Gentrificación, ¿presagio o realidad?

9 Abril, 2014

“Artistas e intelectuales de Barcelona trasladan su domicilio a las viviendas de Ciutat Vella”. Así lo afirmaba un titular de la Vanguardia de hace exactamente 30 años.

¿Serían éstos los primeros síntomas de un gran y devastador proceso de gentrificación, como tantas veces lo hemos leído en la prensa o en los libros dedicados al (los) “modelo(s) Barcelona”?

Era el año 84, los Planes Especiales de Reforma Interior de este sector de la ciudad estaban a punto de aprobarse. Las expectativas de mejora estaban en el aire. – candidatura a ciudad Olímpica, descentralización de la ciudad, actuaciones de mejora tanto en el centro como en los barrios periféricos, etc.

Desde entonces, Ciutat Vella ha sido objeto de un gran número de planes urbanísticos, que tenían como objetivo su recuperación física, económica y social. Durante las más de dos décadas de ejecución de estos planes, gestionados por la sociedad de capital mixto, Promoció Ciutat Vella, SA y luego Foment Ciutat Vella, SA., se ha actuado en un área de casi 450 hectáreas y se han invertido más de mil millones de euros, destinados a infraestructuras, aparcamiento, espacio público, vivienda, equipamiento de varios tipos y escalas, ayudas a la rehabilitación privada, entre otros.

Esta transformación urbana ha contribuido a que el escenario de crisis urbana que aquejaba el distrito –pérdida y envejecimiento de la población, analfabetismo, paro, importantes déficits infraestructurales, desinversión, deterioro del espacio público y privado– cambiara en parte a un escenario atractivo para la relocalización del capital privado, la localización de nuevos usos ligados al sector terciario, la importante revalorización de los inmuebles y la localización de segmentos más solventes de la población. Cambios que podrían indicar una tendencia hacia un proceso de gentrificación.

Sin embargo, lo que ocurre es una distribución de los hogares según su estatus socioeconómico muy parecida a la del periodo precedente a la transformación urbana – la manutención e incluso el incremento de los hogares con estatus socioeconómico bajo y medio-bajo en las zonas del Raval, de la Barceloneta y del norte del Casc Antic, así como la expansión de los hogares con estatus socioeconómico medio-alto y alto hacia las zonas central y norte de distrito y sur del Casc Antic. Es decir, áreas donde se constata la expansión de los posibles “gentrificadores” ya presentaban las mayores concentraciones de población con estatus socioeconómico alto desde el periodo anterior a su trasformación urbana.

Por lo tanto, contrariamente a lo que se podría pensar hace 30 años, no hubo un proceso clásico ni mucho menos devastador de gentrificación con la expulsión masiva de las capas más bajas y débiles de la población.

Esto no quiere decir que no caminemos hacía ello, ya que no hay una política clara que lo impida. Sin embargo, las condiciones locales pueden favorecer o limitar este proceso. En Ciutat Vella, factores propios de este distrito impiden por ahora la extensión más generalizada de la gentrificación:

En primer lugar, está el rol que las viviendas públicas ejercen para la manutención del tejido social. Con el derecho al realojo se ha garantizado la permanencia de una parte importante de la población afectada directamente por las obras de transformación urbana en las zonas originalmente más degradadas. Esta población, con estatus socioeconómico bajo, ubicada en las mismas zonas transformadas, atrae, a través de sus redes sociales, a una nueva población del mismo perfil socioeconómico.

En segundo lugar, los contratos de alquiler antiguos que impiden la sustitución de sus residentes, pese a que acaben muchas veces sometidos al mobbing por parte de sus propietarios.

En tercer lugar, la estructura de la propiedad mayoritariamente vertical, aunque garantice la oferta de viviendas en alquiler,promueve, de la misma manera que los contratos congelados, la subsistencia de un parque demasiado degradado y poco atractivo para la nueva clase media.

En cuarto lugar, las precarias condiciones de habitabilidad y accesibilidad todavía presentes en muchos de los edificios: en el 2001 un 74% de las viviendas seguía sin disponer de ascensor. En parte por imposibilidades tipológicas de los edificios, pero en muchos casos por la insuficiente inversión privada en la rehabilitación. Muchas viviendas necesitarían de una reestructuración tipológica para conseguir unas condiciones de habitabilidad aceptables.

Y por último, el proceso de inmigración extracomunitaria de perfil socioeconómico bajo, que todavía encuentra en el centro histórico su puerta de llegada. Esta población acaba actuando de resistencia a la ocupación masiva de los gentrificadores residentes.

Nota de la autora: Este artículo se basa en los análisis cuantitativos con fuentes estadísticas del año 2001, realizados por la autora en la tesis doctoral “El impacto de la transformación urbana en la estructura residencial de Ciutat Vella” (Mirela Fiori, abril 2011).

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