El derecho a la ciudad como propuesta alternativa. | Revolución urbana y derechos ciudadanos. Conclusiones. (Parte 4)

19 noviembre, 2013

Revolución urbana y derechos ciudadanos. Conclusiones generales. (IV)

Esta es una serie de artículos en los que Jordi Borja aborda las conclusiones generales de su libro Revolución urbana y derechos ciudadanos, Alianza Editorial, 2013.

4. El derecho a la ciudad como propuesta alternativa.

Las contradicciones generadas por los actuales procesos de urbanización por una parte han llegado a un punto álgido y visible con la actual crisis, en especial en el caso español. Los enormes costes ambientales y sociales eran ya perceptibles: el despilfarro de bienes básicos (suelo, agua, energía), los efectos sobre el calentamiento de la atmósfera, los costes sociales del transporte cotidiano, la segregación y atomización de las poblaciones, el sentimiento colectivo de malestar y de desposesión, etc. A ello se ha añadido la crisis inmobiliaria y de las hipotecas que ha dejado a sectores importantes de la población sin ahorros o sin vivienda, y casi siempre sin lo uno y lo otro. Mientras tanto las periferias aumentan su desolación por la proliferación y diseminación de conjuntos inmobiliarios vacíos, no terminados, abandonados, muertos. Una ruina pública y privada. Como ya dijimos, la pública la pagan los contribuyentes y la privada es propia de sectores populares y en parte medios.

Pero la ciudad conserva su atractivo, su prestigio y su promesa [6]. El atractivo de su oferta densa, variada y estimulante. El prestigio de su historia, de su identidad o valor de marca y de sus éxitos. La promesa de su vocación democrática y universalista, de la esperanza de progreso colectivo e individual, el estímulo de la aventura, del azar, de la sorpresa [7]. Esta imagen de la ciudad obscurece la percepción de la crisis del modelo urbanizador dominante pero al mismo tiempo expresa lo que la ciudad podría ser, la aspiración a una ciudad que responda a los deseos de justicia, libertad y esperanza. Pero esta aspiración a lo que “podría ser” la ciudad debe derivar  en un proyecto político capaz de integrar demandas diversas de las clases sociales expoliadas de sus derechos teóricos y que se plantee la reversión de los actuales procesos urbanizadores.

El derecho a la ciudad tiene la cualidad de integrar los derechos que hemos citado anteriormente: a la vivienda, al espacio público, al acceso a la centralidad, a la movilidad, a la visibilidad en el tejido urbano, a la identidad del lugar, etc. Pero su ejercicio requiere incidir en el proceso de acumulación de capital. Por ejemplo un banco hipotecario público potente, la publificación del suelo urbano y urbanizable, una legislación urbanística y fiscal que yugule la especulación y garantice la mixtura social, etc. Su eficacia dependerá de que se consigan todos a la vez así como nuevos  “nuevos derechos” de carácter socio-económico y político como la educación pública y la formación continuada, la renta básica, los mismos derechos políticos y sociales para todos los residentes, etc. Se trata de generar un salario ciudadano complejo que reduzca radicalmente la plusvalía generada por la urbanización. Utilizamos el concepto de derechos ciudadanos y no “derechos humanos” para vincularlos a los derechos y deberes que configuran el estatuto de ciudadano. La exigencia de derechos es una cuestión clave cuando se vive un cambio de época. Si no se lucha y no se consiguen los nuevos derechos que exige la sociedad actual se produce una regresión democrática. Que es lo que está ocurriendo en la actualidad.

Un proyecto político transformador no se generará en las instituciones políticas aunque algunos sectores pueden ser sensibles a las renovadas demandas que surjan de la sociedad. Tampoco se construirá en los laboratorios de investigación y en los seminarios académicos auque pueden producir ideas que ayuden a definir objetivos y a legitimar las reivindicaciones. Existen movimientos políticos e intelectuales alternativos (globales) como los que combaten la globalización del mundo real en nombre de otro mundo posible. Y los movimientos sociales y culturales de resistencia (locales) que defienden identidades o intereses colectivos legítimos, inicialmente dispersos que pueden agregarse gradualmente en proyectos políticos. Es posible que entre las corrientes más progresistas pero muy minoritarias de la política institucional, los ámbitos de investigación y debate intelectual y los movimientos globales y locales se generen intercambios y transferencias que pueden sentar las bases de un proyecto que sea a la vez realista en su acción cotidiana y radical en sus objetivos.

[6] El reciente y difundido libro de Edward Glaeser: El triunfo de las ciudades (op.cit, 2011) genera confusión. Aunque reconoce algunos coste sociales y especialmente ambientales identificar el éxito con el discurso clasista de los sectores altos y en parte medios que viven con un pie en la ciudad gentrificada o en enclaves cualificados y el otro en el mundo global de Internet y de movilidad multidimensional

[7] En nuestro trabajo nos hemos referido a la ciudad como lugar del azar, de la sorpresa, de los intercmbios no programados, de los descubrimientos no buscados. El lugar de la serendipity como expuso Ascher recuperando el término acuñado por Horacio Walpole en el 1700: La ville c’est les autres. CCI-Centre Pompidou 2007

Sobre el autor

Profesor Emérito y Presidente del Comite Académico del Máster Universitario de Ciudad y Urbanismo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona y Geógrafo urbanista por la Université de Paris-Sorbonne. Ha ocupado cargos directivos en el Ayuntamiento de Barcelona y participado en la elaboración de planes y proyectos de desarrollo urbano de varias ciudades europeas y latinoamericanas. Fue Presidente del Observatorio DESC (derechos económicos, sociales y culturales). Website

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